domingo, 24 de julio de 2011

Parte 3

Mica y su familia llevaban viviendo ya un par de meses en la gran casa de campo (con eso no nos referimos a lo que nosotros conocemos como campo, no, si no nos referimos a las casas que no están en la ciudad, las que están al aire libre). Era difícil adaptarse luego de haber vivido largos años en la sombra de las ciudades subterráneas, sin siquiera haberse preocupado del clima, del sol, del viento… Las familias que habitaban en el condominio GHz-208 habían vivido toda su vida al aire libre, por lo que Mica y su familia eran la excepción, los únicos que no conocían el sol, los únicos que no participaban en los asados de fin de semana. Esa noche Mica no podía dormir. La asaltaban las mismas preguntas de siempre “¿Qué se sentirá tener una quemadura por causa del sol?” “¿Dolerá tanto que uno se desmaya en menos de 5 minutos?” Todo le resultaba a la vez absurdo y fascinante. Pensar que todo estaba al alcance de su mano… pero no podía verlo, ni tocarlo, ni sentirlo… Las ventanas digitales de su dormitorio se habían echado a perder esa misma tarde, por lo que Mica no podía apreciar la redondez de la luna, el titilar de las estrellas, o el simple color azul oscuro tan característico de las noches. En la casa reinaba el silencio y el palito del reloj se movía lentamente. Las luces, que en general iban disminuyendo suavemente una vez que uno estaba en la cama, se encontraban completamente encendidas, lo que por supuesto significaba que Mica no estaba en la cama. Resignada ya a dormir, caminó hacia la puerta. Estaba cansada sí, y al otro día tenía colegio, pero ¿qué importaba? No podía obligar al sueño a acudir a su lado. Caminó en silencio por la casa mientras a su paso las luces se iban encendiendo y luego apagando. La pieza de Rea, la de sus padres, el baño, el pasillo y finalmente… La puerta principal al exterior. Esta llevaba meses sellada, más a ella no le interesaba salir. Cuando no podía dormir, se acostaba en el suelo y pegaba la oreja a la puerta. Si tenía suerte, podía escuchar algún grillo o el susurro del viento. Con el mínimo ruido, su corazón latía desbocado, su respiración se dificultaba y tenía que controlarse para no reírse a carcajadas, ¡era tan emocionante! A veces juraba haber escuchado pasos al otro lado, o incluso a veces el sonido de la lluvia, pero no podía estar segura. Feliz, luego de haber logrado escuchar algo, volvía a su dormitorio, y soñaba con árboles, mariposas y rayos de luna… Pero esta noche, era diferente. Estaba cansada de vivir encerrada, de no poder comprobar lo que decían los libros, de no poder aprovechar el jardín, de vivir asustada por rumores… No, esa noche Mica saldría, vería las maravillas de mundo y estaría en casa antes del amanecer ¿cómo? Qué más daba, tenía toda la noche para pensar, aunque...

-¡Mica, Mica cariño despierta! ¿Qué haces aquí? ¡No me digas que eres sonámbula de nuevo! –Mica abrió los ojos lentamente y se encontró con la preocupada cara de su madre. ¡Maldición! Se había quedado dormida otra vez. -¿por qué siempre te encuentro al lado de la puerta? No me digas que te dio con salir al exterior otra vez… Mi linda, ¿no te das cuenta de lo peligroso que es? ¡Caerías enferma en menos de 3 segundos! ¿Por qué no tomas una clase de preparación? Sé que eso no haría feliz a tu padre, él no aprueba la vida al aire libre... ¡pero al menos así evitaríamos que te mates! -. “¿Por qué mamá era siempre tan exagerada?” Pensaba Mica.“Y tan gritona por lo demás…”

-¡Cállate de una vez, por favor… mamita linda! –Dijo Mica- No pasó nada, y no, no pienso tomar uno de esos cursos ridículos de preparación para vida exterior, somos humanos, estamos hechos para vivir al aire libre, ¿Es qué no lo entiendes? Nuestros organismos están creados para soportar el sol, los cambios de temperaturas, el viento… En unos años más si seguimos ocultándonos en estas… en estas… en estas cosas, ¡no podremos vivir afuera! Es nuestra última oportunidad…

-No me vengas con eso otra vez, Mica. Ya lo hablamos y dijimos que el tema no se toca más, tu papá no quiere saber nada del exterior, y muy bien que nosotros vivimos en estas “cosas” como las llamas tú. La vida exterior ya quedó atrás, acéptalo, ¡este es el futuro de nuestra especie! Todo lo que está tras esas paredes, es dañino… - Mica no siguió escuchando, estaba cansada de que le dijeran siempre lo mismo. La vida en el exterior estaba permitida, sus padres no se habían adaptado al cambio de ciudad, y seguramente nunca lo harían, “Si vamos a seguir encerrados como animales, deberíamos volver a las ciudades subterráneas… de qué nos sirve estar en el campo si no puedo salir sin tomar uno de esos cursos aburridos y estúpidos…” pensó Mica. –… Y una vez que te hagas responsable y uses un poco más la cabeza señorita, entenderás el por qué (aunque deberías entenderlo ya…). ¿Quedó claro? Y qué tu padre ni se entere, ya sabes que él no lo tolera –Mica asintió y se retiró arrastrando los pies. Una vez más sus planes se habían visto frustrados, y es que no iba a culpar a mamá, pero ¿Por qué siempre lo estropeaba de esa manera? ¿Por qué nadie en esa casa lo entendía? Sus compañeros pasaban los recreos en el patio, ¿pero ella? No, tenía estrictamente prohibido asomarse a las ventanas y mucho menos a las puertas… Que el sol la podía dejar ciega, que las corrientes de aire podían traer enfermedades, que la suciedad la arruinaría para siempre... ¡Tonterías! Ni con Rea podía hablar del tema, él creía que todo tipo de bestias y pestes habitaban afuera… Qué idiota, era lógico que eso no era verdad. Mica tenía que preparase para ir a la escuela, pero ¿Para qué salir de casa si ni siquiera voy a “salir”? Pensaba ella.

jueves, 21 de julio de 2011

Parte 2

Los robots escaseaban en la Tierra. La producción era baja, por lo que la mayoría de las máquinas eran importadas. El lujo solo se lo daban las personas de las categorías sociales altas o a las empresas grandes y de mayor influencia. El problema de la pobreza, se había erradicado con el sistema de las categorías y clasificaciones. En la vida de una persona a la máxima categoría a la que se podía aspirar era a 10, factor que también dependía de la clasificación (A, B, C…) que correspondía a la importancia en el trabajo o del rango laboral en que se encontraba la familia. Familias de mayores clasificaciones y categorías, contaban con mayores terrenos, mayores casas, más lujos, más comodidades, más de todo. La familia de Mica, contando que las clasificaciones llegaban hasta la letra J, correspondía a F-7, pero había logrado subir un poco debido a las nuevas opciones de trabajo que se abrieron en el norte, logrando el puesto de G-1. El cambio del sur al norte, había sido un cambio difícil e importante. Las carreteras de la ciudad, eran subterráneas, de esta forma, no se usaba espacio en el exterior y este podía ser empleado sólo en las construcciones de casas y pequeñas ciudades (ya que las grandes e importantes urbes siempre se hallaban bajo tierra y no contaban con casas). Rea despotricaba continuamente contra sus padres, contra el exterior y contra las cosas desconocidas en general. Mica a penas se inmutaba. No sabía lo que significaba un cambio de esta magnitud por lo que no opinaba y se limitaba a observar todo para después poder entender bien. La educación con la que se había formado, no la había preparado para vivir al exterior, ya que los cambios de casa y ciudad eran muy raros en una sociedad organizada así. Había escuchado diversas historias acerca de lo que se encontraba afuera. Su hermano decía que si se estaba más de 5 minutos en contacto con el aire uno se desmayaba, sus compañeros de curso, contaban que había cosas horrorosas (monstruos y tanto viento que las personas salían volando), que la temperatura cambiaba constantemente y que había sombras y criaturas peligrosas. Estos mitos y miedos eran compartidos por todos los habitantes jóvenes del planeta (principalmente por los que habitaban en las grandes ciudades). Nadie sabía de dónde habían surgido estas invenciones y a la mayoría esto no le preocupaba. No tenían la obligación de salir al exterior, todo lo necesario estaba en la seguridad de las casas y bajo la tierra. Mica tenía acceso, en el colegio del sur, a la biblioteca a la cual acudía en búsqueda de libros de historia (censurados por supuesto) en los que se hablaba del cielo, de los mares, y de los animales. Mica, se llevaba a escondidas libros que se quedaba observando durante largas horas, mirando atentamente las fotos y anotando todo lo que veía en sus cuadernos de notas. Había leído libros de todo tipo. Desde la historia de la sociedad y de las costumbres, hasta libros de topografía, geografía, de agricultura e incluso de edafología. En el sur, todas las casas contaban con ventanas digitales que cambiaban según la programación semanal que uno le daba. En la casa del norte habían tenido que instalarlas y cambiarlas por las ventanas micro polarizadas que había antes y que permitían la entrada del sol. En las ciudades grandes, al haber tanta gente, no se podían construir casas, la gente vivía en altos edificios con departamentos de diversos tamaños. Ahora que ella, Rea y sus padres vivían en los condominios del campo, se veían obligados a vivir en casa y a tener un jardín, cosa a la que nunca habían tenido acceso. La casa (como todas las demás casas de campo) tenía dos entradas principales. La que lleva al exterior (que en casa de Mica, había sido mandada a sellar) y la que lleva a las calles y vías subterráneas (recordemos que todo el sistema de transporte, comunicaciones y todas las calles están bajo tierra). Las casas de campo no estaban cercadas ya que la delincuencia prácticamente no existía (seguramente a esto contribuía el hecho de que la población se hallara concentrada en las ciudades). En la superficie había pequeños senderos que llevaban a plazas y que marcaban los caminos a diferentes propiedades. También había otros que llevaban a los centros de cápsulas que llevaban a las vías y al ajetreado mundo subterráneo. Estas también se usaban como transporte en las calles, ya que permitían grandes velocidades y era imposible que generaran obstrucciones de tráfico.

Parte 1

Mica se encontraba en su dormitorio paseándose nerviosa de un lado hacia otro. Era la 1 de la madrugada según su antiguo reloj analógico. El silencio en la casa, era atronador, pero a ella no le importaba, estaba absorta en sus pensamientos y vivencias del día, que por supuesto, la mantenían en vela. Las imágenes de las ventanas se habían atrofiado esa misma tarde que se suponía tocaba un fondo de lluvia. Mostraban un extraño fondo verde con algunas chispas de color y rayas grises. Desde que era pequeña, había desarrollado una extraña fascinación por los terrestres de tiempos pasados, por lo que pasaba horas pegada a las ventanas digitales imaginándose los misterios del exterior, preguntándose acerca del sol, el calor y el frío, términos absolutamente desconocidos para ella. En el condominio GHz-208 del norte no estaba prohibida la salida a los dominios del sol, sino al contrario. Las escuelas modernas incitaban a los jóvenes a vivir al aire libre, a no perder las costumbres de sus ancestros. Les enseñaban las propiedades naturales de su ambiente, sobre términos medioambientales y en algunos colegios incluso enseñaban ramos sobre fauna, flora y agricultura. La familia de Mica provenía de la concurrida ciudad del sur WIt-2.1 uno de los más importantes centros de intercambios comerciales, políticos y relaciones universales. En ella se llevaban a cabo todas las interacciones con los mundos exteriores y con los otros sectores del planeta. La ciudad, por seguridad, tenía prohibida todo contacto con el exterior, debido a diferentes razones, dentro de las cuales principalmente se encontraba el hecho de que al llegar muchos visitantes de otros mundos, el contacto con el aire contaminado (aunque bastante menos que hace 1000 años atrás) les afectaba irremediablemente a su salud sin contar el riesgo que podían correr de llevar enfermedades desconocidas a la gente de sus respectivos planetas. Mica se había criado en ese ambiente. Calles llenas de luces, movimientos, tecnología y mucha gente. Estaba acostumbrada a tomar los trenes subterráneos y a convivir con los extranjeros. En la ciudad WIt-2.1 casi no se hablaba del sol, de la luna o más bien… del exterior. En el colegio al que asistía, se enseñaban las artes del comercio exterior y se formaban jóvenes centrados en el trabajo y apegados a las grandes ciudades. Ella era feliz seguramente debido a que no conocía nada más. A sus padres se les había sido asignado el derecho de tener una hija y un hijo, hecho que se controlaba minuciosamente, ya que la cantidad de hombres y mujeres debía ser equitativa. La población en la Tierra, a pesar de alcanzar niveles elevados, no estaba tan descontrolada como había llegado a estarlo unos siglos atrás. Muchos terrícolas habían emigrado a planetas en los que las condiciones y calidad de vida eran prometedoras y bastante mayores a la de su planeta de origen. Los habitantes de los planetas Canon y Xorex, planteaban constantemente sus quejas al representante de la Tierra, debido que su planeta cada vez se sobre poblaba más debido a la llegada y llegada de terrícolas. Aún así los valoraban y admiraban debido a la creencia de la originalidad de la especie dada las anomalías que surgían constantemente en su planeta. Las personas distinguidas en la Tierra eran mayormente personas que en tiempos remotos ni se hubiera imaginado que llegarían al poder. Las personas con discapacidades físicas y en algunos casos alteraciones mentales, causaban impresión y curiosidad en las sociedades exteriores que habían fomentado el estímulo de las discapacidades de algunos terrestres en beneficios del desarrollo de nuevas áreas de la ciencia. Una extravagancia (ya no eran consideradas enfermedades) muy codiciada era el autismo, condición estudiada y controlada con dedicación. Las personas autistas recibían una educación especializada y superior. Algunos decían que serían el futuro del planeta. Era un mundo regido por las anormalidades, por lo que poseer alguna era un privilegio, un don. Aun así, quedaba gente que creía que estas condiciones especiales eran un error y una aberración para la especie, por lo que creían que era un desacierto la importancia que se les daba. La gente exterior (no se sabía la razón) no presentaba mutaciones, nunca, a pesar de que su anatomía era bastante parecida a la de los habitantes de la Tierra.